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Adiós al Superhéroe
Publicado: 3/may/2005

Dr. Mario Monteverde Rodríguez

Fuimos una generación que creció con Supermán. Leíamos las revistas que mostraban al super-héroe en acción; luego lo vimos en dibujos animados; ya con artistas, nos emocionábamos al ver sus destrezas y superfuerzas al servicio del bien.
Aquél que podía saltar el edificio más alto de un solo impulso, que podía detener a un ferrocarril que viajaba a la máxima velocidad, y a quien ni las balas ni los cohetes podían lastimarlo, era, para nosotros los chicos, un modelo a imitar.

Está claro que la única imitación –real- que podíamos hacer del gran Supermán, se limitaba a ponernos un disfraz -con la “S” en el tórax- y la capa roja que se movía, sólo si nosotros corríamos, o poníamos un gran ventilador debajo de ella.

Ya como adultos jóvenes, pudimos verlo en la pantalla grande, “volando” - con Luisa Lane en los brazos- con la ayuda de esos efectos especiales, que logran que uno se meta en la película.
Pero una vez fuera del cine, el mundo volvía a la realidad. Y Supermán, con disfraz y capa, por más que se empeñara, no podía saltar más alto que el cubano Javier Sotomayor, o “volar” como Sergei Bubka (no estoy seguro, si el apellido del famoso atleta de la garrocha, se escriba así) o ganarle en fuerza al gordito británico (creo que se llama Glenn), que siempre arrasa con los premios del “hombre más fuerte del mundo”.

No, Christopher Reeve, sin la ayuda de la tecnología, no podía ni “volar” ni “saltar”, ni “detener” un ferrocarril. Aún con el disfraz puesto.
Pero se convirtió en un verdadero héroe, un héroe a imitar, cuando, fuera de escena, en un espectáculo ecuestre, en Virginia, el 27 de mayo de 1995, se cayó del caballo y quedo cuadripléjico, atado a un respirador, y en una silla de ruedas. Y se convirtió en un héroe, porque mostró su tenacidad para superar esta dificultad tan grave: “El cuerpo no es lo único que somos.

La mente y el espíritu lo trascienden”, manifestaba Reeve. El logró disuadir de suicidarse a algunas personas, que sufrían lesiones parecidas. Les hablaba “de los múltiples recursos de que disponen, del estado de la investigación, sobre todo en lo referente a la fase aguda de la lesión, y de las posibilidades de rehabilitación”. También les decía que, “aunque al principio es imposible pensar siquiera en rehacer su vida, hay que esperar a que pase la conmoción y las cosas se vean con más claridad. Entretanto, no hay que cometer una imprudencia. Hasta ahora, ninguno de mis aconsejados ha muerto. Y me llaman, ¡Ay!, hasta una vez a la semana. Recibo llamadas de todas partes del mundo”.

Cuadripléjico, escribió libros, ayudó con su dinero a crear centros de investigación para los paralíticos, propuso una ley en pro de las víctimas de las parálisis, hizo una película (“La historia de Brooke Ellison”)...llevó, como él manifestó en alguna ocasión, “una vida plena”.

Se aferró con determinación a la vida, y se ganó el mejor “Óscar” al que pudo aspirar un actor como él: Ser considerado un verdadero Héroe...sin tener que lucir el disfraz de Supermán.

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